El cementerio de las buenas intenciones.
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Autor: Pelayo Méndez.
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jueves, 27 de septiembre de 2007

Lee Miller

Imagen ajena a la licencia CC. Copyright de la imagen sus autores.

La primera fotografía que tengo delante fue tomada en Munich en 1945 por el reportero de Vogue David Scherman. Lee miller aparece en el centro de la imagen, está aparentemente desnuda y sumergida hasta la altura de los hombros en una bañera de cerámica. Mantiene el brazo derecho levantado, recogido sobre su mejilla y sostiene en su mano una tela que utiliza a modo de esponja. Una postura que nos remite inmediatamente a la de la escultura de corte clásico que hay sobre una mesa a la derecha de la imagen. Su mirada refleja cansancio, no parece fijarse en nada concreto, tal vez en la radio que hay sobre la mesa o en sus ropas que descansando sobre un mueble auxiliar, tal vez una silla. Al pie de la bañera reposan sus botas de campaña. El mismo día en que se tomó la fotografía Miller había visitado el recién liberado campo de exterminio de Dachau. Por la noche, junto a su compañero de Vogue, habían decidido fotografiar el apartamento abandonado de Hitler en Munich, donde encontraron además refugio para la noche y agua caliente. Sobre la bañera, el extremo izquierdo de la imagen y semi escondido entre las sombras, reposa un retrato del Führer, probablemente emplazado en ese lugar por los reporteros para reforzar la narrativa visual de la imagen. El rostro de la reportera americana queda atrapado entre el cruce imaginario de miradas entre la estatua y el dictador alemán.


Las atrocidades cometidas por los nazis durante la segunda guerra mundial crearon una grieta en el pensamiento social y cultural europeo que todavía hoy puede considerarse abierta. La hegemonía norteamericana en el terreno de la colonización propagandística y mediática, tanto en Europa como en el resto del mundo, comenzaría a asentarse firmemente entonces y hasta el momento no ha conocido límites. El holocausto, gestado en el corazón de Europa, hizo tambalearse las bases del humanismo eurocentrista. El silencio que rodea a esta fotografía, la esquiva mirada congelada de la reportera de Vogue, el escorzo de su brazo familiarizándose con la estatua clásica y negando el saludo nazi, forma parte de aquel instante en que la historia se congeló, del nacimiento de la certeza sobre la imposibilidad de contar y al mismo tiempo la necesidad de narrar la historia. "Estábamos preguntándonos cómo habrá que contarlo, para que se nos comprenda. (...) ¿Cómo contar una historia poco creíble, cómo suscitar la imaginación de lo inimaginable si no es elaborando, trabajando la realidad, poniéndola en perspectiva?” escribiría Jorge Semprún años más tarde tras sobrevivir a los campos de exterminio.

Lee Miller solía decir de sí misma que era “terriblemente guapa, parezco un ángel, pero en el fondo soy un demonio”. Hoy podemos leer sobre su vida que fue amante de Man Ray, musa de surrealistas, co-inventora de la técnica de la solarización, amiga de Dalí y Picasso, estrella de la primera película de Cocteau... La segunda fotografía que hay sobre la mesa fue tomada por Man Ray varios años antes, la postura de Miller nos resulta familiar, su mirada es diferente, tenaz y dulce, nos apróxima a su imagen de ángel y musa. El baño de Hitler sin embargo nos acerca más a la imagen que de ella nos ha transmitido su hijo; una mujer alcohólica con fuertes crisis que nunca supero los horrores que vivió durante la guerra. Entre ambas mujeres discurrió su vida, como Divina comedia escrita en orden inverso.

1 comentario:

Olalla Hernández Ranz dijo...

ésta es mi sección preferida. me gustó mucho, gracias.
ah, no voy a barcelona al final pero dime si te llamó ángela.

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